Cómo la terapia emocional me ayudó a dejar de llorar en los baños de la universidad

Hace un tiempo, recibí en consulta a una joven universitaria que sentía que todo se le venía abajo. Entre la presión de los exámenes, los conflictos en casa y el miedo a decepcionar a su familia, terminó refugiándose en los baños de la universidad para llorar sin que nadie la viera.

En nuestras primeras sesiones de terapia emocional, ella misma me decía: «Ya no sé cómo salir de esto». Trabajamos en identificar las emociones que cargaba, sus creencias aprendidas desde niña y las exigencias que se había autoimpuesto.

Utilizamos recursos de activación conductual, técnicas de descarga emocional y ejercicios para cuestionar esas ideas que la mantenían atrapada. Poco a poco, empezó a permitirse mostrarse vulnerable sin culparse por ello, y sobre todo, a buscar espacios más seguros para expresarse.

¿Y qué pasó después?

A las pocas semanas, dejó de encerrarse en los baños y empezó a conversar con su entorno de confianza sobre lo que le pasaba. Sus amigas y sus profesores notaron cambios positivos, y ella misma se sintió más ligera, con menos miedo y con más recursos para afrontar sus días.

Te sentiste identificada? Fue el caso que tuve con una estudiante, y como ella, muchas otras personas atraviesan momentos así. Si te pasa algo parecido, aquí tienes un espacio para empezar a cambiar tu historia también.


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